"El Quijote" / "Galaxia mente" / "Resurrección"
Autor: Cervantes / Rita Levi / Tolstoi Tolstoi,
Tres libros y una mujer
(primera parte)
Bien, pues hablaré de los libros de mi vida, dejando, en la instantánea eternidad de la red, una cierta constancia de mi pasado.
El primero: El Quijote.
Me recuerda cuánto leía con quince años, y el verano en que lo leí por primera vez en poco más de dos semanas. En ese tiempo adolescente me fascinó sobre todo la lucha entre idealismo y realismo. Sin ser un devoto de nuestro querido hidalgo, su idealismo insensato (y perdedor) me atraía mucho más que el realismo de Sancho. En fin, cuando veáis un adolescente desgarbado absorto en el metro, no penséis “qué edad más tonta”: quizás está reflexionando sobre El Quijote, o sobre algo igual de importante.
Lo leí por segunda vez con treinta y pocos años. Tenía menos tiempo para leer, así que fui leyendo poco a poco, a veces (qué sonrojo) en voz alta, quizás en conjunto durante medio año. Fue como hacer un viaje (también el periplo de Don Quijote y Sancho es una road movie manchega, al fin y al cabo). ¿Qué me encantó en esta segunda lectura? Bueno, sobre todo, me impresionó contemplar a Don Quijote como un “ser de palabras”: ocurriera lo que le ocurriera, él encontraba (creaba) un mundo de palabras donde mantener su ilusión. Eso me tocó, me hizo sentir parecido (a qué sucesos de la existencia no vamos dando una forma de historia para construir la de nuestra vida propia de manera que sea, al menos digna, si es posible, humana, y, puestos a pedir, valiosa). El Quijote ya es siempre una musiquilla de fondo que me ronda cuando trato de entender a lo que pasa en el mundo, o, más cercanamente, cuando escucho a personas a las que quiero (o a las que intento querer; y también es una forma de intentar comprender a quienes más me cuesta comprender). En otro orden de cosas (en el del placer, en concreto): disfruté infinitamente con el juego de espejos de la segunda parte: entre ficción de la realidad y ficción de la ficción, cuando ya unos personajes han leído el libro sobre los principales; entre la lectura y la vida, pues Don Quijote sigue empeñado en que ésta debería darle lo que aquélla le descubrió; y, sobre todo (mmmhhh… mejor que el jamón de bellota, mejor que el bourbon, mejor que el dulce de leche), entre locura y deseo: esos momentos en que ya es imposible saber si Don Quijote está loco, se lo hace o se lo quiere hacer, si le toman el pelo o lo toma él dejándoselo tomar, si quiere parecer loco para poder ser quién es… ah, y todo con un sentido del humor anti-trascendente, y con el castellano más dichoso y grande que verán los siglos venideros…
El segundo libro es “Galaxia mente”, de Rita Levi, una investigadora de neurología, italiana, premio Nobel de medicina.
El libro hacer un recorrido por cómo la historia de la evolución biológica es la historia del desarrollo del sistema nervioso hasta alcanzar esas misteriosas facultades humanas que llamamos “consciencia” o “mente”. En “Galaxia mente”, esa historia empieza por las bacterias, pasa por los reptiles, los mamíferos y los homínidos primitivos y termina en las preguntas que nosotros nos hacemos hoy sobre, otra vez, “esa historia”. Leerlo tuvo algo de revelación para mí: la de que muchas cuestiones que circunscribimos a lo intelectual, por un lado, o a lo artístico, por otro, tienen un tronco común en nuestra propia naturaleza. No sé explicarlo bien: desde que leí ese libro, soy mucho menos dualista, me siento más carne de la naturaleza, en mis emociones, en mis instintos, en mi vida interior, en mi cuerpo. Rita Levi, de algún modo, a través del propio estilo del libro, con capítulos encuadrados por citas literarias, me ofreció también un camino para reconciliar mi formación original en ciencias con mi gusto por la literatura: un humanismo científico (que no carece de tradición, como recordó Jerónimo en la tertulia: el médico humanista forma parte de la nuestra). Éste quizás no es el libro divulgativo perfecto, pues acaso se echa en falta un glosario más accesible, pero la inspiración de su composición –no hay más que hojear los títulos de los capítulos en el índice para sentirse irresistiblemente atraído- justifica de sobra la lectura. A partir de “Galaxia mente” volví a leer divulgación científica, y, con reservas –hay un cierto estilo de libro americano de divulgación que no me atrae nada-, es un género que frecuento y en el que he encontrado algunas otras buenas compañías: E. Schrödinger, S. Weinberg…
Y, el tercer libro de los que he elegido: Resurrección, de Tolstoi, casi un recién llegado, porque lo leí este verano pasado.
Sucintamente, es la historia de un joven –de unos treinta tantos, digamos- terrateniente ruso, que, como miembro de un jurado, asiste al juicio de una prostituta a la que reconoce de pronto: era una jovencita que servía en casa de sus tías, y a la que estas querían casi como a una hija. Él la dejó embarazada y se desentendió; las tías la despidieron y la pobre muchacha fue de mal en peor por la vida: en el juicio, el protagonista tiene la revelación, la iluminación interior, de que él es el responsable de la desgracia de esa chica, y que debe redimirse de su culpa casándose con ella. Este es el punto de partida (perdón por la frialdad del estilo sinóptico). La novela es la historia de cómo ese joven terrateniente se devana por encontrar una forma de vida y de organización de la propiedad de sus tierras que sea acorde con los principios del Evangelio. Y, sobre todo, la historia de cómo acompañando a esa mujer, asistimos a la terrible realidad de las prisiones rusas de la época, y compartimos conversaciones con los revolucionarios que conspiran detrás del telón de esa sociedad extremadamente injusta, en la que el protagonista se dedicó tantos años a su propia diversión.
¿Por qué me ha gustado tanto esta novela, hasta el punto de otorgarle “podio” en detrimento de amistades mucho más antiguas? Porque es la “gran novela del XIX” que más me ha gustado en mi vida. Porque trata de, en mi modesta sensibilidad al menos, de una de las grandes cuestiones humanas: como vivir en una sociedad injusta intentando, en lo mucho o poco al alcance de uno, mejorarla – a la sociedad en general, con nuevas reglas de organización, o a una persona a la que esa sociedad ha desdeñado de forma cruel–. Porque me hizo recuperar el placer de leer “de corrido”, deseando volver a coger el libro en cuanto tuviera un momento, algo que a veces se pierde en la compleja narrativa del siglo XX. Y porque tiene algunas de las páginas más certeras que he leído nunca sobre las motivaciones del comportamiento humano. Y, en fin, porque es un libro sobre “el mundo”, en el que se palpa el alma del hombre que lo escribió, y también lo inmensa que es la vida; es un libro que me quedó en el corazón, al menos un poco.
Es curioso: parecería que uno dice quién es cuando dice los libros de su vida. Releyendo ahora esta nota, me parece que de “El Quijote” de ayer a la “Resurrección” de hoy, soy casi el mismo: o casi la misma mirada, o el mismo latido, o la misma extrañeza, o el mismo anhelo. Cruzando por “Galaxia mente”… sí, así ha sido mi camino. Sshh…
¿Y quién es esa mujer, de la que hablaba en el título? Puesto que no hablé de ella en la tertulia, vamos a dejarlo aquí, y quizás merezca la pena hacer una segunda parte de esta nota en otro momento de ocio.
Me quedé también con las ganas de mencionar, con algún apunte, los muchos descartes que tuve que hacer, y que quizás sean tan interesantes, y desde luego tan recomendables, como la triada de los elegidos.
Lo dicho, termine aquí esta primera parte, y esperemos a que el favor del tiempo y la calidez de las musas traigan una segunda.
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