miércoles, 09 julio 2008
Mucho ruso en Rusia...

La noche perfecta y la temperatura a pedir de boca en una de las azoteas de Madrid que tan buenos momentos depara en esta época del año. Y la discusión, lenta y renqueante en sus inicios, se fue animando poco a poco, con opiniones encontradas como no puede ser menos en una tertulia libérrima como la nuestra. La broma, lejos de gustarle a todo el mundo, dejó un medio buen sabor de boca por el interés sostenido, las varias voces reconocibles y algún esbozo de la Checoslovaquia comunista de los años 50. Al final, quedó como una buena primera novela pero a muchos nos gusta más el Kundera de "La insoportable...", "La identidad" o "el libro de la risa y del olvido".
Había mucha expectativa en torno a la elección del libro del verano, objeto cada año de muchas conjeturas y muchas intentonas reiteradas e igualmente fallidas —una de ellas "Rojo y negro" de Stendhal—. Al final, y dejando para próximos tinteros "Conversación en la catedral", "Rayuela" y hasta el "Ulises" —quién lo hubiera creído!?—, elegimos pasar el verano con Ana (Karenina, de Tolstoi), quizá en honor a otra Ana, la que nació el 12 de junio: desde aquí, enhorabuena Ana (mamá), compañera de sufrimientos y goces literarios...
Transcribo aquí una sinopsis de Ana Karenina:
Ana Karenina. Leon Tolstoi / 1873
Un adulterio consumado en un ambiente aristocrático que conduce a la muerte a la esposa de un alto funcionario ruso.
J. A. J.
"Esta novela supuso el cambio de Tolstoi hacia una problemática social y mística que ocupó sus últimos años.
Ana Karenina es, en cierta forma, la consumación heroica del camino que abrió 20 años atrás la historia de la caída en desgracia de la adúltera Emma Bovary. Sin embargo, lo que en Flaubert hay de expiación casi asfixiante por provinciana, adquiere unos tonos casi metafísicos en Ana Karenina. La historia es, por tanto, similar, pero las resoluciones no son parejas.
La trama es simple, de género. Ana, esposa del alto funcionario Karenin, se enamora de Vronski, un guapo militar. Ana, embarazada por Vronski, huye con éste a Italia, desafiando así el acatamiento a las convenciones sociales que le exigía su marido. La alta sociedad rusa le da la espalda mientras se le estrecha el cerco que culminará en el suicidio: su marido no quiere concederle el divorcio y se niega a que vea a su hijo. Desesperada, abrumada por los celos, Ana se arroja bajo las ruedas de un tren. Es ésta una de las escenas literarias de mayor intensidad que nos ha sido concedida leer, por lo menos eso dijo Vladimir Nabokov, que sentía por esta novela una pasión similar a la que le movía por la poesía de Pushkin.
Habría que fijarse en el contrapunto obligado: la historia paralela del terrateniente Levin, que se construye una vida familiar armónica en el campo junto a su mujer Ketty, y que percibe en las palabras de los campesinos las premoniciones de los sermones evangélicos. Levin prefigura el último Tolstoi, quizá el menos comprendido".
...y un comentario anónimo:
Estoy leyendo Ana Karenina de Tolstoi. Sin querer, viene a mi mente la caracterización de Sophie Marceau, para la película del mismo nombre. Una hermosa Ana Arkadievna que hacía pareja con Sean Bean (Boromir de La Comunidad del Anillo) en el papel del Conde Vronski.
El libro, perfecto. Me estoy demorando a propósito, disfrutando y recreando en mi imaginación cada una de las líneas, los diálogos, los escenarios.
La película, con música de El Lago de los Cisnes de Tchaikovski, me resultó brillante. Un mundo de gala, que oculta la soledad y la locura de Ana, los pesares de Levin, los temores de Kitty. Todo el lujo, y la vida que hay detrás.
Y sin embargo, prefiero masticar cada hoja de Tolstoi.
... y una anécdota:
Vladimir Nabokov solía preparar meticulosamente las clases que sobre literatura rusa impartía en universidades norteamericanas. Con el mismo grado de detalle, con la minuciosidad previsible del entomólogo paciente y detallista que fue Nabokov, el autor de Lolita preparaba sus exámenes, en uno de los cuales sus alumnos debían elaborar un listado con el contenido del bolso rojo que Ana Karenina tira un momento antes de arrojarse a las vías del tren.
Felices vacaciones y nos vemos el 19 de septiembre, con los deberes hechos!
21:28 Permalink | Comentarios (3) | Email esto


























Comentarios
Doctorense como tertulia: lean el Ulises y diriman si es una obra maestra o una tomadura de pelo.
Anotado por: Julio Ruiz | jueves, 10 julio 2008
Hola, Julio (¿te conocemos)? El Ulises de Joyce no es ni una cosa ni la otra, en mi opinión. Que haya que dirimirlo es, digamos, un afortunafo márketing para la posteridad que el autor consiguió que acompañara a la obra.
Prescindiendo de consignas y cánones, hace tiempo que decidimos leer sólo por placer, o por pasión, o por las dos cosas.
Yo sigo pensando en Ana cada día.
Anotado por: Emilio | jueves, 17 julio 2008
Uf... digo, Ay...
Anotado por: Conde de Brezmesanievna y otras hierbas | viernes, 05 septiembre 2008
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